Una reflexión sobre la palabra, el encuentro y la responsabilidad de comunicarnos.
Hace tiempo que me resuena esta diferencia, y algunas lecturas recientes me ayudaron a decantar estas líneas.
En estos tiempos siento que se charla mucho y se conversa poco.
El exceso de discursos de moda, la necesidad de encajar en tal o cual grupo, la información no siempre verificada, la viralización de cualquier contenido y la inmediatez de los relatos, la falta de curiosidad e interés real, nos han llevado muchas veces, a charlar.
Y charlamos de todo: política, religión, género, medio ambiente, guerras, física cuántica, sociedades, etc.
Con una soltura que, aunque a veces admirable, muchas otras resulta imprudente o infundada.
Pero me pregunto: ¿seríamos capaces de llevar esos temas al terreno de la conversación?
Conversar implica registro, involucramiento, razonamiento y compromiso con ese momento en el que las personas se encuentran.
Es el instante en el que comulgan ideas, pensamientos, historias, silencios y saberes; un espacio que agrega valor a quienes participan, de un modo casi solemne.
La charla, en cambio, es simplemente decir. Muchas veces sin más intención que la de sentirse escuchado.
Agradezco enormemente tener un puñado de personas con las que puedo conversar,
y que sean motivo de momentos reales de reflexión y encuentro.
“Se charla poco menos que con cualquiera y en cualquier circunstancia, pero no se conversa sino con quien nos resulta imprescindible y en un momento particular.”
Santiago Kovadloff
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